En un reciente trabajo de investigación realizado
entre la Universidad Nacional de Salta y el INADI “Mapa Nacional de la
Discriminación: Salta” (2014) se ha observado que en la provincia las mujeres
son discriminadas en muchos casos por la condición de haber nacido mujeres y
que el lugar dónde más experimentan esta situación es en el ámbito familiar (Discriminación
por ser Mujer en la familia: 57% de las
encuestadas).
Existe diversidad de argumentos para justificar la discriminación
que se hace en contra de la mujer. En Salta se habla de una sociedad
conservadora con una cultura arraigada en el patriarcado, donde la supremacía
del hombre ha traspasado las generaciones teniendo en cuenta que la historia lo
muestra como el protagonista que ha hecho que la sociedad camine, avance o
prospere.
Es necesario pensar que si se suma la existencia de
la discriminación por el solo hecho de ser mujer y el patriarcado, la violencia
se puede hacer presente en cualquier momento de la vida de una persona. ¿Por
qué? Porque cuando la mujer decide que no quiere vivir bajo el dominio absoluto
que muchas veces el hombre intenta ejercer sobre ella, se revela e intenta
escapar de la situación, es en este momento en el que la violencia física comienza
a desatarse pues el hombre ve cuestionado su papel como hombre. Un alto
porcentaje de femicidios que sucedieron en la provincia de Salta se desataron
producto de la ruptura o denuncia que tenían como protagonistas a las mujeres
en su necesidad de liberación.
Ahora bien es sumamente necesario el cuestionamiento
a situaciones que se consideran “culturales” que hacen una diferenciación
entre el hombre y la mujer. El lugar donde se imparten estas ideas en el primero
de los casos es en la casa de cada uno, es decir que la transmisión de esta
desigualdad comienza en los hogares. Muchas veces son los padres los que marcan
esta desigualdad, que luego se ve reafirmada a medida que las personas van
creciendo, e interactuando con la sociedad donde se potencializa dicho
pensamiento. Quizás es duro pero las que transmiten las ideas son las madres.
Pues ellas pasan más tiempo con los hijos y en mayor medida marcan diferencias
entre las hijas y los hijos a través de lo que uno hace, lo que ve, la forma de
vestir, el comportamiento etc. porque ellas fueron educadas de esa forma; esta
conclusión es a la que Pilar Alfonso y Juan
Pablo Aguado llegan a partir de su trabajo de investigación titulado “Estereotipos
y Coeducación” en la que estudian el comportamiento de diversas instituciones (familia,
escuela, iglesia, sociedad) específicamente en cómo se da el traspaso de estereotipos
ya asignados y la desigualdad entre hombres y mujeres. (Pilar Alfonso y Juan
Pablo Aguado, 2012. España).
Es preciso cuestionar todo tipo de comportamiento
que va naturalizando la violencia. Es necesario que hombres y mujeres revisen
su diario vivir y sean críticos de las situaciones de violencia que legitiman o
no cuestionan. La cultura, el patriarcado, la naturalización deben ser cuestionadas
para que no exista la violencia ni muchos menos elementos con los cuales se la
legitimen. Como sociedad no podemos mirar hacia otro lado porque la violencia
nos rodea y no debemos dejar que continúe ni muchos menos que seamos nosotros
meros observadores.
Todos podemos prevenir la violencia a través de
pequeños cambios en la vida cotidiana. La mirada crítica a lo ya instaurado es
sumamente importante, cuestionar el comportamiento hará que comencemos a erradicar diferencias
que pueden terminar con la violencia.
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