viernes, 22 de enero de 2016

CUESTIONARNOS SOBRE VIOLENCIA

En un reciente trabajo de investigación realizado entre la Universidad Nacional de Salta y el INADI “Mapa Nacional de la Discriminación: Salta” (2014) se ha observado que en la provincia las mujeres son discriminadas en muchos casos por la condición de haber nacido mujeres y que el lugar dónde más experimentan esta situación es en el ámbito familiar (Discriminación por ser Mujer en la familia: 57%  de las encuestadas).
Existe diversidad de argumentos para justificar la discriminación que se hace en contra de la mujer. En Salta se habla de una sociedad conservadora con una cultura arraigada en el patriarcado, donde la supremacía del hombre ha traspasado las generaciones teniendo en cuenta que la historia lo muestra como el protagonista que ha hecho que la sociedad camine, avance o prospere.
Es necesario pensar que si se suma la existencia de la discriminación por el solo hecho de ser mujer y el patriarcado, la violencia se puede hacer presente en cualquier momento de la vida de una persona. ¿Por qué? Porque cuando la mujer decide que no quiere vivir bajo el dominio absoluto que muchas veces el hombre intenta ejercer sobre ella, se revela e intenta escapar de la situación, es en este momento en el que la violencia física comienza a desatarse pues el hombre ve cuestionado su papel como hombre. Un alto porcentaje de femicidios que sucedieron en la provincia de Salta se desataron producto de la ruptura o denuncia que tenían como protagonistas a las mujeres en su necesidad de liberación.
Ahora bien es sumamente necesario el cuestionamiento a situaciones que se consideran  “culturales” que hacen una diferenciación entre el hombre y la mujer. El lugar donde se imparten estas ideas en el primero de los casos es en la casa de cada uno, es decir que la transmisión de esta desigualdad comienza en los hogares. Muchas veces son los padres los que marcan esta desigualdad, que luego se ve reafirmada a medida que las personas van creciendo, e interactuando con la sociedad donde se potencializa dicho pensamiento. Quizás es duro pero las que transmiten las ideas son las madres. Pues ellas pasan más tiempo con los hijos y en mayor medida marcan diferencias entre las hijas y los hijos a través de lo que uno hace, lo que ve, la forma de vestir, el comportamiento etc. porque ellas fueron educadas de esa forma; esta conclusión es a la que Pilar Alfonso y Juan Pablo Aguado llegan a partir de su trabajo de investigación titulado “Estereotipos y Coeducación” en la que estudian el comportamiento de diversas instituciones (familia, escuela, iglesia, sociedad) específicamente en cómo se da el traspaso de estereotipos ya asignados y la desigualdad entre hombres y mujeres. (Pilar Alfonso y Juan Pablo Aguado, 2012. España).
Es preciso cuestionar todo tipo de comportamiento que va naturalizando la violencia. Es necesario que hombres y mujeres revisen su diario vivir y sean críticos de las situaciones de violencia que legitiman o no cuestionan. La cultura, el patriarcado, la naturalización deben ser cuestionadas para que no exista la violencia ni muchos menos elementos con los cuales se la legitimen. Como sociedad no podemos mirar hacia otro lado porque la violencia nos rodea y no debemos dejar que continúe ni muchos menos que seamos nosotros meros observadores.
Todos podemos prevenir la violencia a través de pequeños cambios en la vida cotidiana. La mirada crítica a lo ya instaurado es sumamente importante, cuestionar el comportamiento  hará que comencemos a erradicar diferencias que pueden terminar con la violencia.





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