lunes, 25 de enero de 2016

VIOLENCIA EN EL NOVIAZGO 1

Por María Sol Villena

“Una de cada cuatro de las 209 mujeres que murieron en los primeros nueve meses del 2013 eran novias de sus atacantes”[1]. “En el 2015 una de cada diez jóvenes padece noviazgo violento”[2]. “El mayor porcentaje de víctimas se encuentra entre los 14 y 21 años”[3]. “El 50 % de las mujeres adultas que conviven con parejas violentas tuvieron su origen en el periodo de noviazgo”[4].  Estos datos son alarmantes a la hora de pensar en las jóvenes y adolescentes que se encuentran hoy buscando una pareja.
¿Por qué se llega a una relación violenta? ¿Cuál es la causa o el origen de la misma? Hay varios estudios e investigaciones que afirman que algunas de las causas tiene que ver con una personalidad débil de la victima, es decir, la baja autoestima, la falta de carácter, la inseguridad afectiva, y sobre todo la idealización del “amor romántico” que existe en las niñas como “construcción subjetiva” del amor. Así como la construcción de estereotipos  ideales de mujer y de hombre que son instalados por la sociedad y la cultura que determinan el comportamiento de cada uno, reforzando la desigualdad de género.
Me voy a detener en “la construcción subjetiva del amor”. La misma hace referencia a las ideas culturales que se tiene sobre el amor o sobre estar enamorado/a. es una construcción subjetiva porque se construye cultural y socialmente, se acepta, se legitima y se naturaliza. Por ejemplo el hecho de que el papel que le toca a la mujer es el de la “princesita que es indefensa, que hay que rescatar y que no puede  defenderse sola, y que si el príncipe no aparece y la rescata… ella moriría y no podrían vivir felices por siempre” (buaaa!).
Por muchos años nos han metido en la cabeza (a todos, hombres y mujeres) esta idea de que la “femeneidad” es la idea de una mujer sumisa, débil, callada, dependiente, reservada, pasiva, domestica, emocional y poco importante. Lo peor de todo es que nosotras hemos aceptado esa idea y la hemos reproducido en nuestros hijos e hijas! Y por supuesto la “masculinidad” habla de un hombre activo, que no expresa emociones, fuerte, defensor, autónomo, público, racional, con emociones controladas (no llora) e importante. Debido a esta construcción cultural de lo que “debe” ser un hombre y una mujer, las mujeres creen que “amar es darlo todo por esa persona” “amar es cuidar y hacerlo feliz” “amar es dar todo”. De estas declaraciones tomada de adolescentes en un campamento, las cuales coinciden con las respuestas obtenidas en varios estudios que se hicieron en distintos colegios a adolescentes[5], es que se desprende lo que las autoras Natalia Gontero y Carolina Guevara[6] llaman “amor romántico” como la construcción ideal del amor en la chicas jóvenes, un amor que es capaz de renunciar a todo por el otro, y de dar todo. Por otro lado, desde la perspectiva de los varones amar es “compartir y tener confianza” “amar es estar ligados en sus almas” “amar es pensar en esa persona y estar pendiente de ella”. En este sentido las autoras hablan de una “masculinidad hegemónica” donde el amor es reconocido por la posesión sobre alguien, por el interés de una persona sobre otra, y en este caso el dominio del hombre sobre la mujer. Concepciones que devienen de construcciones subjetivas culturales aceptadas socialmente y que marcan un tipo de relación asimétrica entre hombre y mujer, donde el hombre es superior. Este es el contexto que da lugar a una relación violenta, cuando estos estereotipos se profundizan y se arraigan en una pareja.
Cuando Dios creo al hombre y a la mujer no los puso en posiciones diferentes, contrario a lo que todos piensan, Dios los hizo iguales. El libro de Génesis en el primer capítulo leemos: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó: varón y hembra los creó. Y los bendijo y les dijo: fructificad y multiplicaos; llenad la tierra y sojuzgadla, y señoread…”  En este pasaje Dios mismo está colocando a los dos, varón y mujer, en posición de iguales. En relación a esto podemos decir que el plan original de Dios siempre fue que ambos sean “iguales”. Asimismo en el libro de Gálatas capitulo 3 verso 28 (Nuevo Testamento) encontramos que Pablo escribe: “En Cristo, ya no hay judío ni griego; ya no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús”. Una vez más encontramos que cuando volvemos al plan original de Dios, del cual la humanidad se alejó a partir de la caída de Adán y Eva, Dios, a través de Jesucristo, su hijo, restablece su plan primario, tanto en las relaciones sociales (aboliendo todo racismo), en las relaciones laborales (aboliendo la explotación del hombre por el hombre) y en las relaciones afectivas o de pareja (aboliendo toda diferencia de género). Por supuesto que este tema es mucho más amplio que lo tocaremos en otros artículos.
Para concluir. La violencia en el noviazgo se da cuando profundizamos y aceptamos las ideas culturales que nos son impuestas por el sistema. Entonces debemos salir de esos estereotipos impuestos, ya que llevan a una relación asimétrica, una relación donde se establece el par dominador – dominado, basándose en una transgresión a las normas sociales generando un vínculo de amo y esclavo, a esto se le conoce como  “VIOLENCIA”, donde existe la posibilidad de aniquilación del más débil.
Recordemos que esta desigualdad de género no es lo que Dios había pensado para la humanidad. Dios colocó a hombres y mujeres iguales, les dio las mismas funciones, no hizo distinción cuando les mandó a gobernar la tierra. Y Solo en Dios podemos volver a restaurar este vínculo. Las personas hacemos diferencias. Dios no.





[1] Observatorio de Femicidios en Argentina, de La Casa del Encuentro, una ONG de Buenos Aires. 2013.
[2] Diario perfil 18/10/15
[3] Ministerio de Desarrollo Social Porteño. 2014.
[4] Diario perfil 18/10/15
[5] Natalia Gontero y Carolina Guevara: Violencia de género en noviazgos adolescentes. Reflexiones desde una experiencia de extensión. Ponencia COMPANAM 2013. Córdoba Argentina.
[6] Idem.



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