miércoles, 20 de enero de 2016

EL DESAFIO DE VISIBILIZAR LA VIOLENCIADE GÉNERO

La Declaración de Naciones Unidas sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer (1993) ha definido a la violencia de género como: “todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o un sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como la amenaza de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como privada”.
Ahora bien, uno de los principales factores que refuerza la violencia de género es su invisibilización.
Esta invisibilización se da por parte de la propia víctima en primer lugar (invisibilidad individual), lo cual es facilitado y perpetuado (entre otros factores) a través de la construcción de estereotipos que generan consensos sociales favorecedores de las situaciones abusivas que terminan naturalizándose como si fueran neutras. Se empieza entonces a ver normal que en ciertas situaciones sociales o familiares, la mujer ocupe un lugar subalterno respecto del varón, que el maltrato, abuso o atropello sutil tengan lugar, que se cultive un lenguaje a partir del cual se construyan y se legitimen las desigualdades de género, etc.
Esta invisibilización incluye también aquellos mitos sobre la violencia intrafamiliar que sostienen y retroalimentan la incapacidad de denunciar de quienes rodean a la víctima (invisibilidad sociofamiliar). Así por ejemplo la sacralización de la familia hace que muchas mujeres deban soportar tormentos para no “destruir el hogar”; la superioridad del varón; la definición de tareas para hombres y para mujeres; carreras y/o trabajos para hombres y mujeres…
Esto a su vez se complejiza a través de la llamada invisibilidad institucional, pues en el ámbito público quienes tienen la responsabilidad de investigar y analizar la problemática para prevenir la violencia de género y diseñar sistemas de protección se muestran incapaces o muy limitados para producir informes y generar herramientas eficaces que den cuenta de la magnitud del problema, sus causas, efectos, circunstancias que la favorecen, etc.
Si a ello se suma una invisibilidad política, que permite que los gobiernos y particulares ignoren sus responsabilidades, el peso del conflicto termina recayendo en la misma víctima de violencia.
La tarea de visibilizar la violencia de género debe realizarse, como vemos, en diversos frentes, no olvidando el fuerte peso que en nuestra sociedad tiene la cultura machista, la cual debe ser expuesta y problematizada desde sus facetas más sutiles.
El machismo como modelo cultural ha difundido una forma de ser hombre que en nuestro medio aún persiste, toda vez que no se han consolidado otros modelos de ser hombre.
Es que en nuestra sociedad hay en muchos hombres un profundo temor al cambio. Al dejar de ser machistas se enfrentan al riesgo de perder aquello que les ha dado alguna forma de estabilidad social. Sin embargo una hombría asentada sobre estas bases no es hombría sino impotencia maquillada.





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